domingo, 7 de enero de 2018

Ruta italiana, 1.


En el verano de 2017, mi mujer y yo optamos por conocer la variante de viajar mediante un circuito turístico en autobús, en vez de repetir los cruceros marítimos de los dos años precedentes, a los que ya dediqué las correspondientes entradas.  

Elegimos uno con destino a Italia, organizado por la empresa turística Travelplan, llamado: “Encantos de la Toscana y Roma”. En realidad, debieran añadir también la Umbria, región incluida en el itinerario y de la que visitamos dos de sus más afamadas ciudades, como son Asís y Perugia, su capital.

La experiencia nos resultó inolvidable por la grata compañía encontrada, por la experta dirección de Isabel, la responsable del grupo --a quien dedicaré el siguiente párrafo--, por la destreza del conductor, el napolitano Máximo, y porque nos sucedieron una serie de incidentes y vivimos momentos de angustia, pero, por fortuna de esos que, una vez superados, quedan para ser contados a modo de divertidas anécdotas.

Isabel, siempre presente, aunque sustituida en determinadas visitas por guías locales según lo establecido, resultó ser una mujer instruida, desenvuelta, atractiva, con sentido del humor y no exenta del firme carácter preciso para la brega con dispares grupos, a lo largo de siete meses de ininterrumpido trabajo por Italia y en ocasiones por otros países europeos.

Bueno, pues sin más preámbulos, doy principio a estos relatos.

Domingo 23 de julio.-

En vuelo directo desde Sevilla, a las 23.45 aterrizamos en el aeropuerto Leonardo da Vinci, situado en Fiumicino y cercano a Roma. Llegamos con antelación a la hora prevista, pero luego hubimos de permanecer  largo rato a bordo de la nave en espera de que llegara la escalera de desembarque y el autobús para trasladarnos a la distante terminal.

Confundidos, siguiendo al gentío que avanzaba, terminamos en la inmensa sala de llegadas, pero atrás quedó el equipaje facturado. Retroceder estaba prohibido. Allí nos esperaba ya quien había de llevarnos en coche hasta el hotel. Enterado del caso, nos informó que, para poder entrar de nuevo, era preciso gestionar la recogida del mismo en la oficina de los “carabinieri”.

Realizados los trámites oportunos, retorné hasta las cintas transportadoras, donde, por fin, para mi contento, divisé nuestra maleta dando vueltas en solitario.

A continuación nos pusimos en camino hasta el hotel Barceló Aran Park. El conductor, Bruno, un napolitano gracioso, nos amenizó el recorrido contándonos en un español fluido, que la madre le prohibió viajar a España, donde el padre marchó y nunca regresó, pero el destino motivó a Bruno casarse con una santanderina, así que no tenía más remedio que hacer caso omiso al mandato materno. Después, mi mujer me contó, que cuando yo marché en busca del equipaje, le aconsejó riéndose, que aprovechara la ocasión para librarse de mí.

Cuando finalmente llegamos al hotel era la 1:45 de la madrugada. El recepcionista nos señaló el tablón donde estaban expuestas las rutas para ese mismo día. La nuestra estaba fijada para las 7:30, o sea, que disponíamos de escaso tiempo para el descanso.

Lunes 24 de julio.-

A las 7:30 de la mañana, cuando ya estábamos dispuestos para subir al autobús, nos enteramos por Isabel que la tarde anterior había mantenido una reunión con gran parte de los compañeros de viaje ya presentes en Roma y habían acordado demorar la salida a las 8:00 horas; hora a la que daría comienzo nuestra intensiva andadura.


La primera parada fue en la la ciudad medieval de Asís, enclavada en la cima de un monte coronado por un castillo del siglo XIV, llamado la Roca Mayor.


Visitamos primero la basílica de Santa Clara, para después caminar hacia la de San Francisco situado al lado opuesto de la ciudad, paseando por bellas calles, en las que destaca un templo romano erigido a Minerva. Lloviznaba de forma intermitente.


La impresionante y artística basílica de San Francisco está construida a dos alturas. Iniciamos la visita por la planta baja y cuando aparecimos en el claustro situado en la superior, nos sorprendió un intenso aguacero, que en aquel antiguo escenario, nos sobrecogió.

Seguidamente, paramos para comer en el restaurante del hotel Windsor. Con todo cuanto me gustó Italia, en mi caso particular, fue precisamente la gastronomía el aspecto negativo, pues poco amigo de los platos de pasta, éstos no faltaron en nuestros menús, bien en el almuerzo, bien en la cena, cuando no en ambas comidas.


Continuamos viaje hacia Perugia, divisando a nuestra izquierda el lago Trasimeno, famoso por librarse en su entorno la tercera de las batallas de la II Guerra Púnica, en la que los ejércitos de Aníbal infligieron una nueva y severa derrota a las legiones romanas.


Entramos en Perugia por una fortificación medieval, construida sobre una fortaleza etrusca, según nos mostró la guía local. Esa región estuvo habitada tanto por etruscos como por umbros, pueblos luego sometidos por los romanos, pero con los que se mezclaron, entrando a formar parte de su civilización.

Después, caminata extensa por la ciudad, contemplando sus bellas calles y plazas, o bien visitando el interior de notables edificios.

Dispusimos de tiempo a nuestra libre disposición, especialmente para compras, pues son típicos de allí los productos elaborados con trufas, derivados de las mismas y salsas sucedáneas.


Ese atardecer llegamos a un antiguo monasterio convertido en hotel, el Fattoría Pitiana, situado en la cima de uno de los montes florentinos, distante unos 25 kilómetros de Florencia. Las vistas eran maravillosas, con abundantes cipreses, árbol emblemático de la Toscana. Allí nos alojamos 3 noches y nos sirvió de punto de partida para el recorrido por la región.

Bueno, pues aquí doy término a esta primera entrada. Continuaré con el relato por jornadas completas.


jueves, 14 de diciembre de 2017

Reportaje bombardeo vapor noruego "Gulnes"


Como hecho poco conocido de la Guerra Civil, el día 7 de diciembre de 1936, la aviación republicana bombardeó de forma accidental al vapor noruego “Gulnes” mientras cargaba mineral en un muelle de San Juan de Aznalfarache, causando daños irreparables al buque y la muerte a 4 jóvenes de esa nacionalidad, enterrados en el cementerio de Sevilla.

Cuando descubrí al azar el monolito erigido en su memoria, ya entonces descuidado, sentí curiosidad y tristeza por la fatal suerte de esos hombres que vinieron a caer tan alejados de su país y en un conflicto que les era del todo ajeno, por lo que inicié una particular investigación, cuyo resultado expuse en 4 entradas de este blog entre el 18 de noviembre del 2014 al 10 de marzo del 2015.

Para mi sorpresa y contento, precisamente coincidiendo días pasados con el aniversario, para rescatar del olvido aquella acción bélica y a aquellos hombres, en la edición digital del diario sevillano “El Correo de Andalucía”, los periodistas Diego M. Díaz y Txetxu Rubio, han realizado un magnifico reportaje, ilustrado incluso con un vídeo de aquel ambiente bélico.

Aunque en la actualidad estoy centrado en relatos de viajes, he creído oportuno y de interés facilitar aquí, a modo de breve cuña, el enlace del reportaje profesional que complementa y aporta nuevos datos sobre lo que yo pude averiguar.

La foto de cabecera, ya expuesta en un relato anterior, corresponde a una de las víctimas: Egil Pleim Nilsen. Contaba 24 años de edad y era natural de Nesna, Noruega.


P.D. Agradecido a mi familiar Eduardo Iglesias, quien me proporcionó el reportaje vía Internet. 

Coletilla.- Como nada encontré en mis averiguaciones, en contra de lo que pensaba y exponía en una de las entradas antes referidas, conozco ahora por información que me ha remitido  el periodista Txetxu Rubio, que Queipo de Llano SÍ se ocupó de este caso en sus habituales peroratas radiofónicas desde Sevilla. 

martes, 28 de noviembre de 2017

Ruta lusitana, 2.


*Miércoles 12 de octubre, 2016.-

Camino de Oporto nos desviamos de la autopista para acercarnos a la península de Peniche y allí, desde el cabo Carboeiro, divisar el cercano archipiélago de las pequeñas Islas Berlengas y observar su colonia de aves marinas y algunas de paso a poca altura sobre las aguas, como los alcatraces.

También disfrutamos del panorama de unas costas en pleno mar abierto, que seguían siendo tan escarpadas como las que vimos más al sur y seguidamente nos incorporamos de nuevo a la autopista para continuar viaje y comer en la próxima área de servicio.


Esa tarde llegamos a Oporto donde, para recoger las llaves, nos entrevistamos con el dueño del amplio piso que se le había alquilado para tres días.

Después de aposentados, marchamos a un moderno y grandioso centro comercial, dentro del que había un hipermercado Continente, donde nos abastecimos para cenas y desayunos en el piso.

*Jueves 13 de octubre.-


Dedicamos la jornada a recorrer caminando gran parte de las calles del centro de la preciosa ciudad de Oporto y su amplia y bella plaza principal, llamada de Los Aliados. Visitamos los monumentos más conocidos, destacando la Iglesia de los Clérigos y su emblemática torre.


Por las largas colas, desistimos en primera ocasión de entrar en la librería Lello, que por su valor histórico y artístico está considerada como de las más bellas del mundo. Aprovechamos para comer en un restaurante cercano: A Tasquinha y después sí, tuvimos oportunidad de visitarla por el menor número de personas en espera.

Resulta muy ingeniosa la organización establecida para la visita: como la cantidad de visitantes era masiva y muchos eran simples mirones que entorpecían la actividad comercial, ahora es preciso sacar previamente una entrada por un coste de tres euros, cantidad que te descuentan si realizas alguna compra.


Otro monumento representativo de la ciudad, en este caso una gigantesca estructura de hierro, es el puente Luis I que consta de 2 plataformas. Por la inferior circulan coches y peatones y por la superior, peatones y el tranvía.

Esa tarde, después de pasear por la margen izquierda del río Duero, que corresponde a Vila Nova de Gaia, o simplemente Gaia, lo atravesamos caminando por abajo, para luego caminar por la parte derecha, que pertenece a Oporto. Ambas márgenes las componen calles muy animadas, repletas de bares, restaurantes y terrazas.


La independiente ciudad de Vila Nova de Gaia está tan poblada como Oporto, aunque ésta da nombre al área metropolitana. Curiosamente, en la calle de Gaia paralela al río, se localizan las bodegas del famoso vino de Oporto.

Resulta extraño que en España, en general, solo se habla de Oporto. Al menos, en mi entorno, nunca escuché noticias de Vila Nova de Gaia.

Antes de recogernos en el piso, viajamos en el coche para caminar por la zona costera próxima a la desembocadura del Duero.

*Viernes 14 de octubre.-


Iniciamos la actividad turística con un breve crucero desde Gaia para conocer todo el entorno del río Duero y los seis puentes que comunican ambas orillas.


Seguidamente, en Gaia montamos en un teleférico que sube hasta la proximidad de la plataforma superior del puente Luis I. Lo atravesamos hasta Oporto donde comimos y después caminamos hasta la terminal de un funicular que nos llevó a la parte baja de la ciudad.


A continuación, viajamos más hacia el norte, hasta Braga, que visitamos caminando. Nos encantó esa histórica ciudad, por su catedral, sus iglesias y una plaza con dos fuentes, cuyos surtidores dibujaban variados y bellos juegos con sus altos chorros.

De sus calles es de destacar una, próxima a la plaza de las fuentes, decorada a lo largo de toda su parte central por un frondoso y florido jardín de múltiples colores.

Podíamos divisar sus cercanos y boscosos montes, donde sobresale el conocido Santuario del Bom Jesus, pero ya no tuvimos tiempo para llegar con la luz del día y optamos por regresar a Oporto.

*Sábado 15 de octubre.-


Ya esa mañana iniciamos la ruta de retorno a Sevilla, parando en primera ocasión para visitar y ver el monasterio de Batalha. Es de gran belleza, en estilo gótico tardío y mezclas de arquitectura manuelina.


La otra parada prevista era en  Évora. Teníamos intención de entrar en la tétrica y conocida Capela dos Ossos, pero no fue posible porque llegamos a la hora de cierre, así que después de un paseo por la ciudad, continuamos viaje hasta Sevilla, donde llegamos sobre las 22.00 horas.

Bien, pues aquí doy remate a la crónica de aquel extenso recorrido por tierras portuguesas del que tanto disfrutamos y que nos permitió constatar que nuestro país vecino y hermano, tiene mucho que ofrecer a los visitantes en monumentos, paisajes, gastronomía y, en general, la amabilidad de sus gentes.


martes, 24 de octubre de 2017

Ruta Lusitana,1.


Tras el crucero por el mar Báltico y el viaje a Galicia al que me referí en las última entradas y alguna acostumbrada y breve visita a mi pueblo natal, Campillo de Llerena, en la provincia de Badajoz, dábamos por concluido el capítulo de viajes de 2016.

Sin embargo, sobre septiembre de ese año, Eugenia, prima hermana de mi mujer y su pareja, Fernando, nos invitaron a realizar un extenso recorrido a bordo de su coche por tierras portuguesas, desde Sintra y ciudades cercanas, hasta el norte del país.

Viajar en tan grata compañía y con la comodidad que supone hacerlo en una berlina Mercedes de 9 plazas por una zona que ellos ya conocían con detalle (en mi caso la conocía de forma fugaz, por un viaje que hice muchos años atrás desde Sevilla a Orense, desviándome por Portugal), suponía una oferta tan atrayente que no admitía negativa. Así que, cómo no, nos sumamos a aquella expedición que duró desde el domingo 9 de octubre al sábado 15  de ese mes.

A lo atractivo del ofrecimiento, he de añadir que Fernando del Valle es un conocido y experimentado ornitólogo con extensa experiencia internacional, y que por tanto, llevaría su valioso equipo, tanto fotográfico como óptico, lo que nos permitiría ilustrar con calidad nuestras visitas, incluso vivir alguna placentera aventura con la observación de distintas especies de aves.

Precisamente, fue a Fernando a quien, atinadamente, se le ocurrió llamar al recorrido “Ruta Lusitana”.

*Domingo 9 de octubre.

Procedentes de Sevilla, tras rebasar Lisboa por el puente 25 de Octubre, llegamos a Sintra con la hora precisa para aposentarnos en el hotel concertado para tres  noches y salir en busca de un restaurante donde comer.


Después de la comida, sin lugar a reposo alguno como ocurriría durante todo el viaje para así aprovechar al máximo la jornada para visitar lugares y monumentos y contemplar parajes, subimos en primer lugar hasta el Convento dos Capuchos, edificio que actualmente pertenece al Estado portugués, que lo mantiene acondicionado para las visitas.


Se trata de un sencillo complejo religioso con capilla, pequeño terreno de cultivo y horno donde los monjes producían sus propios alimentos. Las celdas, de reducidas dimensiones y en su mayoría, excavadas en galerías a veces tortuosas, junto con los huecos de entrada de escasa altura, obligaban a los monjes a llevar una vida de constante penitencia, a lo que ayudaban las puertas forradas de corcho para el aislamiento acústico y térmico; material que aún se conserva de forma notoria.

El paisaje que se divisa es de gran belleza y todo el entorno inspira un total recogimiento a pesar de la ausencia de vida ascética, ya que los monjes franciscanos que lo habitaban fueron exclaustrados en 1834.  


A continuación marchamos al Cabo da Roca, en el término de Cascais, la punta más occidental de Eurasia. Como se indicaba en un monolito: Aquí onde a Terra se acaba e o mar comença, en palabras de Luis de Camoens, el gran poeta portugués. Llegamos con tiempo de observar en el horizonte marino una maravillosa puesta de sol.


Después, nos dirigimos a la llamada Boca do Inferno, otra zona de acantilados y cuevas del mismo municipio, para contemplar allí los embates del mar. Tras ello, dejamos el coche en un aparcamiento subterráneo y paseamos por las calles de la ciudad y los alrededores de su magnífica fortaleza.
En Cascais cenamos y antes de retornar al hotel pasamos por varias calles de Estoril, freguesía del citado municipio.

*Lunes 10 de octubre.


Ese día lo empleamos para visitar Lisboa, donde paseamos por calles céntricas y sus más amplias y emblemáticas plazas como son la del Rossio y Do Comercio.

Después de una buena caminata, montamos en un típico tranvía que nos trasladó a la parte alta de la ciudad, para contemplar desde sus miradores una bella panorámica urbana.

Regresamos a la parte baja para comer y terminada la comida, pensamos emplear el resto de la tarde en conocer el barrio histórico y monumental de Belem, en la margen derecha del estuario del río Tajo.


Hacia allá nos dirigimos en coche, pero nos sorprendió un continuo atasco por cualquier ruta alternativa que tomábamos, hasta que ya, tensos por la situación, desistimos de nuestro propósito y nos fuimos a pasear por una zona tranquila cercana al río, desde donde se contemplaba el imponente puente Vasco de Gama, con sus más de 12 kilómetros de longitud.
En todo caso, vimos lo suficiente, para afirmar que Lisboa es una preciosa capital, que merece ser visitada y conocida con más tiempo y mayor profundidad.

Finalmente, retornamos a Sintra, donde cenamos.

*Martes 11 de octubre.


Para evitar colas de entrada, ya a primera hora de la mañana, subimos con el coche, a veces dentro del túnel arbóreo en que se convertía el camino, a visitar la Quinta da Regaleira. De tal lugar diré que a principios del siglo XX, un rico brasileño de padres portugueses, mandó construir un lujoso palacio en un extenso terreno rodeado de bosques, jardines, grutas, pequeños castillos… Supone una gozada ver el palacio y recorrer su entorno.

Terminada la visita, viajamos a la costa para pasear cerca de la Praia das Maças y después comer las típicas carnes a la piedra que ofrece el restaurante O Lavrador, en el cercano pueblecito de Cabriz.


A continuación, subimos de nuevo a la frondosa Sierra de Sintra para visitar el Palacio da Pena, residencia por temporadas de los reyes portugueses en el siglo XIX. Nos encantó ese precioso edificio de estilo romántico, así como los jardines que lo rodean. Además, la panorámica desde aquella altura es espectacular. Se puede contemplar incluso la desembocadura del rio Tajo en el Atlántico.


Lo único importante que nos quedó por ver de los monumentos serranos, fue el llamado Castelo dos Mouros, edificio que se divisa desde cualquier punto de Sintra.


Ultimada la visita, nos trasladamos de nuevo a la costa, en esta ocasión a Azenhas do Mar. Entramos en el lujoso restaurante del mismo nombre para tomar una copa de vino de  Oporto en una galería acristalada con vistas a una preciosa cala.

Regresamos a Sintra y antes de recogernos en el hotel, cenamos en el restaurante elegido desde la llegada: el Metamorphosis, donde comíamos bien y siempre fuimos tratados con amabilidad.

A la mañana siguiente, tras el desayuno en el hotel, emprendimos el viaje hacia Oporto, pero ese relato quedará ya para una segunda parte.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Viaje a Galicia.





Mi mujer y yo tuvimos el honor de ser invitados desde La Coruña por mi antiguo compañero de trabajo y amigo, Pepe López, a los actos de presentación del árbol genealógico de su familia, que había ultimado tras largos años de investigación y que tendrían lugar en Palas de Rei (Lugo), lugar de origen de la misma.

Como yo había estado implicado muy directamente en la creación de una obra de ese tipo por línea materna y continuaba con los trabajos de la línea paterna, esa curiosa coincidencia, sumada a la amabilidad y sinceridad de su ofrecimiento, nos motivaron para aceptar la invitación.

También asistiría desde Barcelona otro común amigo y antiguo compañero de trabajo: Emilio Fernández, gallego de nacimiento; un reencuentro que me alegraba.

Así que el 26 de agosto de 2016, día previo a la celebración del evento, viajamos en tren desde Sevilla a Lugo, previo transbordo en Madrid. En Lugo estaba previsto que nos recogieran  para el traslado al pueblo.

A la llegada vivimos unos momentos de incertidumbre, pues nadie nos esperaba y tanto mi amigo como su amable mujer, Mª Jesús, no respondían a nuestras llamadas por teléfono.

Poco después apareció para recogernos en coche una simpática joven, Silvia, allegada a la familia, quien nos informó de la fatal coincidencia del reciente fallecimiento de una hermana de mi amigo, por lo que estaban en el funeral. Aún así, ya presentes muchos asistentes, incluso parientes llegados desde Argentina y Paraguay, no había posibilidad alguna de suspender las actividades.

Previo al alojamiento en Palas de Rei, fuimos atendidos con suma amabilidad tanto por Silvia como por sus padres y otros asistentes del acto.


Ya esa noche asistimos a la concurrida y bien abastecida cena que mi amigo organizó en la casa matriz de campo que conservan él y sus hermanos, donde nacieron y se criaron, conocida en el entorno por la Casa de Seixas de Lamaboa, situada cerca del municipio en dirección a Lugo.
Tuvimos así la oportunidad de conocer y conversar con los familiares más cercanos y algunos de los llegados desde Argentina y Paraguay, resultando una animada y grata velada.


En este caso no puedo por menos que añadir un recuerdo por otro común amigo y antiguo compañero, Paco Díaz Anero, fatalmente fallecido poco tiempo atrás en Ferrol; recuerdo que me evocaron dos cuadros por él pintados, colgados de una pared del salón, uno de los cuales expongo. Paco, además de su trabajo habitual, destacó en el arte de la pintura.



La presentación, el sábado día 27, tuvo lugar desde media mañana en el Polideportivo de la localidad. La admirable obra abarcaba a 33 ramas familiares y se remontaba nada menos que hasta principios del siglo XVII, por lo que era tan extensa que fue preciso exponerla en numerosos paneles colocados en las paredes, aparte de utilizar fotografías y modernos medios de proyección para facilitar su comprensión.


Siguió un almuerzo dentro del mismo Polideportivo para los más de 200 asistentes, con productos típicos de la tierra entre los que no podía faltar el pulpo a feira, terminando con la tradicional queimada de aguardiente. En la foto de arriba,  en primer lugar a la derecha, Pepe López, , seguido de su mujer, María Jesús.

La tarde estuvo animada por un grupo de gaitas, junto con bailes y canciones gallegas interpretadas por tres jóvenes traídos desde La Coruña.

A continuación, los cabezas de familia de Buenos Aires y Paraguay pronunciaron emotivos discursos y una prima de Pepe, Ana Vila, recitó poesías en castellano y gallego de un libro por ella publicado. En resumen, todo un éxito de organización y confraternidad.

Más adelante el acto filmado en el Polideportivo fue subido a You Tube, donde se puede acceder indicando: ÁRBOL PEPE PALAS DE REI 2016.


A la mañana siguiente, o sea, el día 28, nos llevó Silvia para despedirnos de nuestros amigos y nos encontramos con la comitiva principal en un campo próximo al Polideportivo. Tuvimos la suerte de llegar a tiempo de presenciar la ceremonia de nombrar Cabaleiro de Honor de la Asociación Cabaleiros de Ulloa, a uno de los familiares argentinos: Gabriel, aficionado a los caballos. En el acto había varios socios, entre ellos Norberto, hermano de Pepe, en su día presidente de la asociación y que cedió a Gabriel un caballo blanco, que montó ataviado con la capa de la Orden de Santiago. Luego le entregaron la placa acreditativa. Presenciamos por tanto una ceremonia vistosa ambientada en la Edad Media.

Después de concluido ese acontecimiento, fuimos invitados a tomar unos aperitivos en el restaurante del motel La Cabaña, allí cercano. Finalmente nos despedimos, quedando agradecidos para siempre a nuestros amigos y anfitriones por su hospitalidad gallega.


Como ya habíamos pensado aprovechar la ocasión para disfrutar del placer de viajar una vez más por Galicia, de nuevo la amable Silvia se ofreció para acercarnos con su coche a Lugo, donde habíamos reservado hotel.

Gozamos el ambiente apacible del mediodía de un domingo y de la calidad del tapeo al aire libre que ofrecen numerosos bares y restaurantes localizados en determinada zona del centro de la ciudad, como la Plaza del Campo y las calles de La Cruz o Rua Nueva.

Como en el centro se encontraba el hotel, paseamos además por otras de las limpias calles intramuros, nos acercamos a la amplia Plaza Mayor y contemplamos los monumentos del entorno, algunos de bella arquitectura.


Por la tarde caminamos por lo alto de todo el perímetro de sus murallas romanas. Merece la pena estudiar con mayor profundidad esta gran obra de ingeniería, declarada patrimonio de la humanidad, que yo no detallo por no hacer ya tedioso el relato.

El recorrido supera los dos kilómetros, pero resulta cómodo porque todo el suelo es llano o apenas presenta algún suave desnivel y está cubierto de gravilla. Nos impresionó la anchura de los muros, concebidos para la circulación hasta de carros, los cuales podrían cruzarse sin dificultad alguna.

El ambiente de noche era muy tranquilo, pero más bien hacía frío, hasta el punto de que después de cenar en un restaurante cercano al hotel, no nos fue posible, como habíamos previsto, sentarnos en la terraza de éste situada en la sexta planta, para recrearnos con las vistas de la ciudad iluminada.


El lunes 29 tomamos el tren con destino a Orense, donde llegamos poco antes del mediodía. Durante el trayecto disfrutamos contemplando el bello paisaje verde y montuoso.

Como es habitual en los veranos de esa ciudad del interior de Galicia, que al igual que Lugo visitaba por segunda vez, la temperatura era calurosa. Aún así, paseamos por toda la armoniosa y bien edificada parte central hasta llegar a la Plaza Mayor, la Catedral y las famosas fuentes termales llamadas Las Burgas, donde brotan las aguas a casi 70 grados. Después del paseo almorzamos en la terraza de uno de los restaurantes de la zona.


Por la tarde dimos un largo paseo hasta el monumental puente romano sobre el río Miño. Desde arriba divisamos en la ribera una pequeña y concurrida playa.

Antes de recogernos, cenamos con tranquilidad y con agradable temperatura en una de las terrazas cercanas al hotel.


El martes día 30 retornamos a Sevilla por el mismo medio de transporte que a la ida, dando así término a un viaje imprevisto, pero que al final nos resultó emotivo, placentero e inolvidable. 

jueves, 13 de julio de 2017

Crucero por el Báltico, 2.


San Petersburgo. Martes y miércoles. Días 12 y 13 de julio de 2016
.
Llegada a las 8:00 horas. 146 millas recorridas desde Helsinki. 14 horas de navegación.

Tiempo nublado y a veces tormentoso. Frecuentes lluvias. Temperaturas frescas, incluso frías para nosotros: unos 8 grados centígrados por las tardes. Para permanecer de noche en las terrazas de la cubierta de popa, única al aire libre, disponíamos de mantas. Solo nos consolaba saber que en gran parte de España estaban padeciendo rigores de calor que superaban los 40º.

Estuvimos tentados de unirnos a la excursión de viajar a Moscú en tren de alta velocidad, con cuatro horas de trayecto en cada sentido. También, al regreso te mostraban San Petersburgo. Pensamos que no tendríamos nueva oportunidad. Desistimos porque, además de que solo disponían de guía en lengua inglesa, nos pareció un viaje agotador.

Así que nos apuntamos el segundo día (para el primero ya no teníamos plaza con guía en español) a: “Mañana en el palacio de Jussupov, con crucero por los canales”.

Nuestra meta en estos casos es siempre conocer la ciudad, prescindiendo de palacios y museos, pero no teníamos otra opción. No entrar en el palacio suponía desconectarnos del grupo, con el riesgo de deambular solos un tiempo por una ciudad desconocida, o soportar una prolongada espera.

Por la limitación de intérpretes nos tocó compartir autobús con pasajeros franceses. Las dos guías que nos iban alternando información se llamaban Natalia, nombre de mujer muy común en Rusia como sabemos, así que con Natalia se quedó la de español y ésta designó como Natacha a la de lengua francesa. Por no ser menos común, el conductor: Sasha, hipocorístico de Alejandro.


Impresionante la panorámica urbana desde sus numerosos canales. También desde el río Neva, con sus 1.300 metros de anchura, 25 de profundidad y corriente impetuosa. Atentos siempre en bajar la cabeza en las lanchas al pasar bajo tantos puentes.


Nos informaron que suman 500 los palacios y mansiones construidos por el centro de la ciudad. Destaca el Palacio de Invierno, convertido en museo: el famoso Hermitage. También aparecían muy vistosas las doradas  cúpulas  de algunas iglesias o de las verjas de frecuentes jardines.

Nos sorprendió ver un autobús español de la empresa “Autobuses Xativa, S.L.”, pero con matrícula rusa. Conocimos después que, como es muy bajo el índice de salinidad del mar Báltico, de forma más acusada en esa zona del golfo de Finlandia como consecuencia de la enorme cantidad de agua dulce que fluye al mismo, tanto de ese país como la que vierte desde Rusia el caudaloso río Neva, éste permanece congelado gran parte del año. Eso supone que su temporada turística sea corta. No sería rentable mantener una flota de autobuses parada durante largo tiempo. Así que cuando es preciso alquilan los necesarios a otros países europeos.

No contamos con tiempo alguno para compras. Parecía una medida previamente premeditada para adquirir los típicos productos rusos expuestos en las tiendas de a bordo.

Si embargo, dentro del puerto y muy próximas a la pasarela de embarque, había dos tiendas bien abastecidas. Podíamos pagar incluso en euros y en esa moneda nos daban la vuelta. Cambio: 70 rublos por euro.

También observamos en el puerto que todos los cruceros  estaban abasteciéndose de combustible, lo que hace suponer que era más barato en Rusia.
A las 18 horas del segundo día, partida con rumbo a Tallín. 


Tallín. Jueves. Día 14 de julio de 2016.

Llegada a las 9:00 horas. 160 millas recorridas desde San Petersburgo. 15 horas de navegación.
Temperatura muy agradable. Nubes y claros, aunque no llegó a llover.

Nos apuntamos a la excursión “Visita de Tallín”. Viajamos en autobús hasta la parte alta de la ciudad, pues una parte importante de la capital de Estonia está edificada en acusada pendiente. Allí iniciamos la visita.

Fue la primera y única ocasión entre todas la excursiones que realizamos, tanto en ese como en el anterior crucero, donde nos proveyeron de auriculares en el interior del autobús. Podíamos así mantener un coloquio informativo con nuestro guía: Rolando, natural de Caracas.

Rolando incluso nos facilitó su número de móvil por si ocurría algún extravío entre la muchedumbre, incidente que efectivamente sucedió. Ya avanzada la excursión lo llamó una pareja que se había desconectado del grupo. Con esa medida les resultó fácil localizarnos.

Todo el recorrido hasta la parte baja donde nos recogió de nuevo el autobús la realizamos a pie. Caminamos más de 3 horas, pero tuvimos así la oportunidad de contemplar con bastante detalle una preciosa ciudad, muy limpia y ajardinada. Dispone también de numerosas y bellas iglesias de rito ortodoxo.


Tanto la plaza principal situada en la parte baja, en el casco antiguo, llamada del Ayuntamiento, como otras del entorno y calles aledañas estaban muy animadas y concurridas de terrazas. En el centro de esa plaza existe un punto indicador desde donde se pueden ver todas las iglesias de Tallín. Incluso hicieron un chaflán en el tejado de un edificio, para que al menos se pueda contemplar la cruz de la cúpula de la única que quedaba oculta.
A las 17:00 horas partimos para Estocolmo. 


Estocolmo. Viernes y sábado, días 15 y 16 de julio de 2016
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Llegada a las 9:00 horas. 176 millas recorridas desde Tallín. 16 horas de navegación.

Ciudad de inicio y término del crucero. Temperatura suave, aunque continuaban las frecuentes lluvias como a  nuestra llegada el sábado anterior, incluso chubascos más intensos.
En esta ocasión, el viernes día 15, la excursión elegida en autobús fue: “Estocolmo: visita a la ciudad, Ayuntamiento y museo Vasa”.

Estocolmo es una monumental y bella ciudad. Se aprecia un alto nivel de vida. Está edificada sobre 14 islas e islotes, por lo que resulta característico su trazado de canales, surcados de forma continua por numerosas embarcaciones.

Durante el recorrido tuvimos la oportunidad de presenciar el vistoso cambio de guardia en el Palacio Real.


Visitamos el amplio interior de su colosal Ayuntamiento, prestando especial atención a los dos salones donde celebran la cena y el baile el día de la entrega de los premios Nobel. La cena, en concreto, tiene lugar en el llamado Salón Dorado, llamado así por las paredes recubiertas de teselas de láminas de oro entre otras dos de vidrio. La entrega en sí de los premios tiene lugar  en un edificio diferente: la Sala de Conciertos.

El Vasa fue un potente y lujoso navío fletado en el siglo XVII, que sin embargo naufragó a poca distancia de Estocolmo en su viaje inaugural. Como por las condiciones específicas de aquellas aguas la madera se conservaba en perfecto estado después de rebasados los 300 años, fue reflotado en 1961 y expuesto en un museo muy visitado donde se puede admirar.



Dada mi impericia fotográfica y la penumbra interior del museo, expongo de todas formas la foto que tomé a la maqueta del navío Vasa allí expuesta.
Terminada la excursión retornamos al barco a la hora de la comida.

Ya en esa última tarde y noche a bordo se percibe el desánimo entre los pasajeros, a pesar de que todas las prestaciones siguen en plena actividad, pues es preciso preparar el equipaje que ha de ser facturado, identificarlo con adhesivos de números y colores diferentes en función de los vuelos y, como máximo, disponerlo en las puertas de los camarotes a la 1:00 de la madrugada.

Con todo, lo más negativo, al menos para nosotros, es madrugar al día siguiente, pues los camarotes han de quedar libres a la 8:00 horas, justo la jornada que corresponde al cansado viaje de retorno.

En alguna ocasión gestionamos para evitarlo, al menos en los casos de quienes permanecíamos en el barco hasta las 13 horas, como era nuestro caso, incluso algunos hasta más tarde, pero nos comunicaron que no era posible por el sistema del orden establecido para la limpieza general. Cierto que disponíamos de lugares de descanso y podíamos incluso tomar aperitivos y comer, pero era mucho tiempo y ya deambulábamos como ausentes.

A pesar de todo, nuestra experiencia con los cruceros ha resultado del todo positiva. En las largas horas de navegación disfrutamos de la vida a bordo tan animada, tan cómoda y con tan abundante y variado servicio de restauración.


No quisiera rematar el relato, sin exponer encima de este párrafo una foto del comedor donde cenábamos en grata compañía, con ambiente festivo en ocasiones y servidos por un amable y simpático camarero filipino, apellidado Miraflor.

A las 16:00 horas embarcamos en el aeropuerto de Arlanda en un vuelo de Iberia con destino a Madrid. El avión era el mismo que nos llevó. Esos vuelos están concertados con Costa Cruceros. Allí coincidimos con el nuevo pasaje.

Esa noche nos hospedamos en Madrid cerca de la estación de Atocha, para regresar a Sevilla en el AVE el domingo día 17 de julio de 2016, dando así por concluida tan inolvidable singladura.